Escapada a Cangas de Onís. Primera parte, Covadonga.

Escapada a Cangas de Onís. Primera parte Covadonga.

En esta ocasión, hablamos de una escapada de fin de semana a Cangas de Onís. Se trata de esas escapadas que no se piensan mucho, simplemente se hacen y muchas veces son las mejores.  Nos dirigimos al principado de Asturias, a la cara norte de picos de Europa. Nos alojamos en un hotelito rural en Cangas de Onís . Visitaremos Covadonga, La Cueva del Queso Cabrales y en el camino de vuelta a casa, Taramundi.

Todo empieza un viernes al salir de trabajar, son las 6 de la tarde del último fin de semana de octubre. Sin motivo alguno se nos ocurre coger el coche y partir hacia Covadonga. Por el camino reservamos una habitación en el Hotel rural «El Caserón» en Cangas de Onís.

Tras 4 horas de viaje con intensa lluvia, llegamos a nuestro destinos, hacemos el check in en el hotel, dejamos el equipaje y nos vamos a cenar. Casi todo está cerrado, es tarde de invierno y el tiempo no acompaña. Encontramos la sidrería La Caldera, aparentemente parece que está a punto de cerrar, pero al ver una pareja y una familia dentro decidimos probar suerte. Nos atiende un camarero con exquisita amabilidad que nos invita a sentarnos. Tras mirar la carta, decidimos pedir unas setas al cabrales y un cachopo para compartir. La cena resulto muy agradable, de calidad y a un precio más que razonable.

Nos vamos a dormir.

Covadonga

En primer lugar, debemos destacar que si bien el hotel no es un “cinco estrellas” la comodidad de la cama es su punto fuerte…¡nos despertamos como si hubiésemos dormido en una nube!. El desayuno estuvo espectacular, y una comida contundente antes de empezar el día, es obligatoria. Seguidamente, cogemos el coche y comenzamos la ascensión hasta Covadonga.

Mientras disfrutamos del paisaje durante la subida podemos ver como la catedral aparece entre las montañas. Esta es una imagen que impresiona. Al llegar a la cima, visitamos la citada catedral, en su interior, como en todos los edificios religiosos, se respira ese ambiente místico lleno de paz. Damos una vuelta contemplando su arquitectura y dejamos nuestra huella en el libro de visitas.

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Al salir, decidimos visitar la tienda de souvenirs que se encuentra en el aparcamiento junto a la iglesia. En su interior se puede apreciar el “Business” que tienen montado, si se quiere comprar recuerdos recomendamos la pequeña tienda que se encuentra subiendo la escalera que va desde el estanque al santuario donde se encuentra la Santina.

Continuamos con unas fotos y decidimos tomarnos un café en el bar que se encuentra enfrente del museo. Tras el café, visitamos a la Santina y la tumba del Rey Pelayo. El conjunto del lugar es mágico y atrayente no dejándonos indiferentes tras disfrutar del apacible recorrido. Sin duda, recomendable.

Nuestra siguiente parada son los Lagos de Covadonga que lamentablemente no fue posible visitar debido a la nieve. La carretera estaba cortada y no se podía subir ni en vehículo particular ,ni en transporte público. Existen unas fechas en las que solo se puede subir a los lagos en transporte público o taxi debido a la alta afluencia. Os dejamos más información aquí:

Información para subir a los lagos.

  • Paradas de autobús P1, P2, P3 y P4
  • Coste aparcamiento 2€ (todo el día)
  • Precio Bus hasta Covadonga 1.5€
  • Precio Bus hasta los Lagos 8€ adultos, 3€ hasta 12 años, Gratis menores de 3 años.
  • Último bus de bajada a las 18.30h

La idea inicial era subir a visitar los Lagos, hacer la ruta que los rodea a pie y comer en el restaurante María Rosa, del que habíamos cogido referencias. Después de la comida planeábamos visitar el Centro de Interpretacion del Parque Nacional de Picos de Europa.

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Cueva del queso de Cabrales

Lamentablemente nos tocó recalcular el recorrido y decidimos ir a la localidad de Las Arenas. De camino, consultamos Trip Advisor y decidimos comer en la Sidrería Calluenga. Allí pudimos disfrutar de un local acogedor, la amabilidad del personal y de un grandioso menú del día con su fabada asturiana. Un plato más que adecuado para un día de frío y nieve.

Un restaurante de lo más agradable con vistas al río, buena atención, precio económico y un buen ambiente donde predominaban las familias.

Finalmente, nos acercamos a La Cueva del Queso Cabrales. La entrada no es gratuita, pero vale la pena aparte de contribuir a la labor de las fundaciones que ponen en valor cultural nuestra gastronomía. Nos juntamos un grupo reducido de personas y una guía nos fue explicando el proceso de elaboración de esta especial variedad de queso por el interior de una de las cuevas excavadas por la acción del agua en roca caliza que dió origen a los Picos de Europa.

Cueva del queso Cabrales.

  • Precio 4,5€ por persona. Niños 3 €
  • Recorrido guiado.
  • Cata de queso Cabrales con Sidra.

En este “tour” nos enseñan el tradicional proceso de elaboración del queso cabrales. Elaborado artesanalmente por los propios ganaderos a partir de leche cruda de vaca, oveja y cabra que según las proporciones le da un sabor u otro. El queso de Cabrales no existiría sin las cuevas, donde madura entre dos y cuatro meses con una humedad relativa del 90% y una temperatura constante entre 8º y 12ºC. Su embalaje lleva la etiqueta del Consejo Regulador y cuenta con Denominación de Origen desde el año 1981. Es producido solo en el concejo de Cabrales y tres pueblos limítrofes.

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Después de la visita a la cueva nos llevan a una sala donde vemos un videodocumental del proceso de elaboración y asistimos a una cata del queso acompañado de unos “culetes” de sidra asturiana.

Es hora de volver al hotel ya bautizado como «Transilvania». Tras una ducha y un poco de descanso volvemos a Cangas de Onís donde cenamos en la sidrería El Campanu, categorizado como uno de los mejores sitios para comer en el pueblo. En su carta encontramos pescado y marisco de exquisita calidad a un precio no demasiado elevado.

Dónde comer en Cangas de Onís.

  • Sidrería El Campanu.
  • Sidrería La Sifonería.

Tras la cena nos retiramos de nuevo al hotel hasta el día siguiente.


► VER SEGUNDA PARTE| Escapada a Cangas de Onís. Segunda parte.


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